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AL OÍDO DE MARGARITA LEONOR CABELLO BLANCO

CastroOrtiz

17 abril, 2020

Opinemos de Actualidad

 

Me alcanzo a imaginar su vida actual. Pasar de la comodidad del escritorio, de la autonomía en las decisiones y de la libertad en el ejercicio de los cargos que ha ejercido en la Rama Judicial a estar disponible veinticuatro – siete para su jefe, el Presidente de la República; enfrentar situaciones como la fuga de internos de las cárceles; dirigir un equipo de trabajo respecto de cuyos miembros su autoridad es tan solo aparente y en el que los antiguos están acostumbrados a hacer las cosas “tal cual” e ignoran al titular de paso; compelida a resolver con inmediatez, sin tiempo para acudir a “la sana crítica”, y a estar siempre preparada para el hostigamiento de los medios y qué no decir, de los políticos y lagartos!!! Por si fuera poco, le ha tocado afrontar la crisis del Covid-19 con su nefasta consecuencia de la parálisis de la justicia por una razón distinta a los ceses de actividades anteriores, por lo menos diez en los últimos veinte años, con el agravante de que, desde sus casas, poco o nada es lo que se puede avanzar siendo que no se tienen los expedientes al alcance. En fin, aparte de que su vida, por este cuarto de hora, no le pertenece, su responsabilidad ya no es con las partes de un litigio sino frente a todo el país.  Nada envidiable su silla; sin duda, era mejor estar instalada dentro de la “magnitud de la justicia”!  O, a lo mejor, esta sea su oportunidad, su gran reto y su legado si así los asume y se empodera con la conciencia a que la historia la signa –“NUNCA DEJES PASAR UNA BUENA CRISIS”-. Usted, como quien más, es la llamada a liderar la cruzada, dentro de semejante escenario adverso que enceguecería a otro sin su fina y versada visión, para que en su paulatino retorno de la inoperancia la Rama Judicial sea tan ordenada, racional y eficiente como nunca, atendiendo, por supuesto, a las medidas de protección que se han ido indicando. De hecho, el argumento menos plausible para la necesaria reactivación de la Rama es el peligro de contagio de los operadores judiciales si tenemos en cuenta el minúsculo espacio físico por el cual se nos permite hacer verdaderas acrobacias para lograr examinar una foliatura. Un cronograma de días alternos prudencialmente suficientes para la atención de los asuntos por cada jurisdicción –radicación de demandas, recepción de memoriales, notificaciones, entrega de títulos retiro de oficios y comunicaciones, etc.-; audiencias iniciales físicas o virtuales incluido el decreto de pruebas, sin obligación –únicamente opción– de que asistan las partes para evacuar la fase de conciliación, de manera que aquellas puedan surtirse entre apoderados debidamente facultados y jueces; el direccionamiento y/o la solución de las inquietudes de los usuarios no abogados según el objetivo por el que acudan a las sedes judiciales de tal forma que la atención “por ventanilla” se enfoque a los togados y sus dependientes; la posibilidad –que de hecho existe desde la vigencia del Código General del Proceso- de hacer uso de todas las herramientas tecnológicas para entrecruzar comunicaciones, que favorezcan la fluidez del proceso, sin perjuicio del derecho de contradicción y de defensa; el disfrute de vacaciones individuales y no en los tradicionales períodos de vacancia judicial colectiva de los cuales toda la comunidad jurídica llega sin el descanso reparador esperado, lo que ha impedido, además, que en esta coyuntura se hubieran podido adelantar o compensar vacaciones como en el sector privado; etc. Estamos seguros de que escuchando a quienes nos las vemos con las lides del ejercicio profesional, representando los derechos e intereses del ciudadano de a pie, se podrán diseñar protocolos sencillos, que no involucran inversiones cuantiosas ni requieren conformar misiones con reputados juristas ni asesores de alto nivel ni magistrados de altas cortes realizando sesudos esfuerzos en tareas que poco o nada tienen que ver con su experiencia; medidas eficaces no solamente para la resolución adecuada de las miles de controversias en trámite sino para la óptima división del trabajo al interior de los despachos y la mejor programación de la labor de los litigantes y de sus colaboradores, lo cual redundará, además, en la disminución del stress a que nos vemos habitualmente abocados unos y otros, víctimas de la orfandad de un norte sosegado, tranquilo, pacífico.  Las medidas transitorias podrían llegar a convertirse en definitivas demostrada como sea su bondad.

Colega y congénere:  La historia está por escribirse; ¡la pluma está en sus manos!

 

Luz Helena Castro Cardozo.

Abogada

Formada en Conciliación en Derecho.

Especialista en Derecho Comercial.

Especialista en Derecho Administrativo.

Experta en litigio societario.

Experta en litigio arbitral.

Diplomada como Secretaria de Tribunales de Arbitramento.

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